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El que la sigue, la consigue
Fecha: 19/11/2020, Categorías: Grandes Relatos, Autor: esbomo, Fuente: CuentoRelatos
... como siempre. Un trato exquisito. Solo que yo sabía que ella sabía, y ella sabía que yo sabía...! Los dos sabíamos... Era una complicidad mutua sin mediar apenas palabra. Fue entonces cuando mi esposa cayó gravemente enferma. Al tercer año de su enfermedad y conociendo que su final estaba anunciado me volqué en ella, pero eso no impedía que yo siguiera teniendo necesidades sexuales. Elvira se vino a vivir con nosotros para poder atender mejor a su hija gravemente enferma. En un momento dado, Cristina me sorprendió diciéndome: "puesto que a mí el sexo ya no me atrae nada, he pensado que la mujer que está más cerca de ti es mi madre. En una ocasión me comentaste que te gustaría hacerlo con ella. Bien, pues ha llegado el momento de que empieces a desahogarte con ella. No es justo que porque a mí no me apetezca, tú te quedes sin poder satisfacerte con una mujer. He pensado también en Cachuli pero con ella sería complicado quedar. Sin embargo, a mi madre la tienes a mano y no se opondrá porque también ella lo necesita. Quizá no tanto como tú, pero también lo desea. De eso estoy segura". No supe qué responderle. Creo que dije algo así como que se lo agradecía muchísimo y que, en fin, no sé lo que haría. Esa conversación fue el empujón final y a los pocos días me decidí a dar los últimos y definitivos pasos, pero sin precipitar las cosas porque a mí ese "juego del gato y el ratón" me encantaba y enardecía al máximo. Lo siguiente que se me ocurrió resultó muy excitante. El ...
... baño de nuestra casa de Madrid tiene un gran tragaluz o ventana abatible en lo alto de la pared que se mantiene siempre medio abierta y da a la terraza de la cocina, de tal forma que permite que entre la luz y que, lógicamente, los sonidos de ambas estancias se intercambien si no se encuentra cerrada. Decidí, pues, aprovechar esas circunstancias. Los fines de semana siguientes, cuando me levantaba por la mañana, lo primero que hacía era entrar al cuarto de baño desde donde no podía ver a mi suegra pero sí escuchar cómo trasteaba en la cocina adyacente preparando la comida de ese día. Entonces, me quitaba el slip para quedarme completamente desnudo y, justo al lado del vantanal, empezaba a cascarme una larga y sobre todo escandalosa paja. Porque al hacer el imprescindible y habitual sube y baja con la piel de mi polla en la mano, me daba a la vez un fuerte golpe con el antebrazo sobre mi vientre para producir un sospechoso ruido: plaf! plaf! plaf! Muy despacio al principio pero con fuerza para que mi suegra pudiera escucharlo. Imprimiendo progresivamente a tan lujurioso ritmo una cadencia tal que pudiera ser interpretada de forma inequívoca al otro lado del ventanal como una nueva obscenidad osada del querido yerno. Las veces que lo hice, noté cómo enseguida los ruidos de la actividad desarrollada por mi suegra en la cocina se iban disipando hasta desaparecer por completo. Ese silencio me resultaba muy revelador y a la vez permitía que los golpes del brazo sobre mi tripa ...