1. El desahogo de una esposa frustrada


    Fecha: 05/07/2023, Categorías: Confesiones Autor: Arandi, Fuente: CuentoRelatos

    ... pez en el agua.
    
    La verga de Guillaume dentro de mi boca se ponía cada vez más dura, más gruesa, y el placer entre mis piernas se incrementaba con las arremetidas de Santiago, quien tenía sus dedos prácticamente enterrados en mis caderas. Exprimí la verga de Guillaume succionándolo con toda la fuerza de mis pulmones, hasta que, con un gemido, su esperma se disparó dentro de mi boca. La espesa crema me llenó tanto que se me escapaba por las comisuras de mis labios.
    
    Me estremecí y me tragué su simiente para luego seguir chupándolo del falo, mientras contemplaba a Adela quien meneaba las nalgas sobre la cara de Guillaume. En ese momento otra oleada de semen me bañó ahora en mis entrañas, cuando Santiago se dejó caer sobre mi espalda con su mandarria bien metida hasta lo más hondo de mí.
    
    Todos quedamos exhaustos, tendidos sobre aquella enorme cama en la que cabíamos sin problema. Me sentía en las nubes, estaba totalmente embelesada habiéndome transportado al verdadero paraíso. De pronto escuché sonar el timbre de mi celular y aquel sonido me trajo de nuevo a la tierra.
    
    Como el aparato estaba en mi bolso, el cual había dejado en el salón, corrí hasta allí aún desnuda. Al hallarlo me di cuenta que la llamada venía de mi hogar. Tragué saliva y contesté.
    
    “Hola”, dije un tanto nerviosa.
    
    “Ah sí, ya hace rato que llegué, disculpa que no te había hablado es que...”, le di cualquier pretexto a mi esposo.
    
    Luego me informó que Sergio, nuestro hijo más pequeño, había ...
    ... tenido un accidente durante la excursión, una luxación al meter su pie en un agujero.
    
    Me preocupé, por supuesto. Pero él me dijo que no había porque alarmarse. Que había sido atendido y ya estaba en casa.
    
    Tras hablar con mi esposo hablé con mi hijo y me sentí culpable. Adela, notando mi estado, vino hacia mí y se sentó a mi lado. Debo confesar que una oleada de pensamientos me llenó de angustia. ¿Acaso había hecho algo terrible sólo por...?
    
    Le expliqué lo ocurrido y ella me reconfortó.
    
    “No te angusties, tú no has hecho nada malo. Mira, lo que hicimos aquí es tan sólo una fiesta privada, tú no estás perjudicando a nadie por disfrutar de tu cuerpo, de tu vida. ¿Recuerdas cuando te enojaste conmigo y con Guillaume? No pongas esa cara, no creas que te lo reprocho, es sólo que nunca te pude explicar que entre él y yo no había más que una franca amistad. Es cierto, tuvimos sexo, pero nunca hubo un interés para quedarme con él ni mucho menos por perjudicarte.
    
    Sólo éramos dos amigos teniendo sexo. No somos cosas que le pertenecemos a los demás, somos personas que disfrutamos de nuestros cuerpos, y así somos felices. Tú no le perteneces a tu marido, eres una mujer maravillosa, necesitada de amor como cualquier ser. Todos tenemos derecho de vivir y disfrutar del placer. De hecho ver a alguien disfrutar de ese mismo placer, ver el gozo en alguien más, le hace sentir bien a una, ¿o a ti no te pasa lo mismo? Hay que disfrutar de nuestra sexualidad más allá del yugo matrimonial. ...
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