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Amor por la mañana, lujuria por la tarde.
Fecha: 01/08/2023, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... seguí maldiciendo y ordenando, convirtiéndome en un yo que nunca había sido antes, incluso en mis sueños más locos. "¡Así, sí, fóllame, hijo, fóllate a tu puta madre mi macho bello!" Se subió a mí y sentí su polla penetrarme con una fuerza que me dejó sin aliento. Ahora su tono imitaba el mío, volviéndose duro y autoritario, enviando un feroz susurro de palabras calientes y emocionantes. "¡Te estoy follando ahora, perra caliente, mi zorrita rica, me perteneces, eres la puta de tu hijo! Tu bebe te está follando como siempre lo quisiste. Amas mi verga dentro de ti, ¿no es así? ¿Sueñas con que tu hijito te folle todo el tiempo así, abierta de par en par, como la puta que eres, para la ansiosa verga de tu hijo? " Agarraba ferozmente mis tetas entre sus manos dándoles un color moradito a mis pezones. "¡Sí, sí bebé, quiero que me folles todo el tiempo!” Eso era cierto. Nada me importaba excepto la gloriosa alegría de hacer el amor con mi hijo. "¡Fóllame, mi amor, mi rey, folla a tu madre bien duro!" Grite. Mis palabras salieron como balas de un arma, exigentes, dominantes, duras. "¡Mi madre, mi puta caliente!" respondió de la misma manera. "¿Me quieres en ti, me quieres en todas partes? Sueñas con mi verga dura en tu boca, ¿no es así?" "Sí, Sí." Mi hijo tomo su gruesa y mojada verga en sus manos; la sacó de mi cuca hirviente dándole golpecitos a mi clítoris con su glande, "Sueñas con esto, mi verga en tu coño caliente y húmedo, ¿no es así?" "Oh ...
... si, si." Gemí cuando me penetro una vez más, ensartándome con su verga rígida con una fuerza descomunal, con pasión, con furia, con el amor que solo un hijo macho le puede dar a su hembra madre. "Tú también sueñas con más, ¿no?" Me estaba follando a ciegas y solo sirvió para acelerar mi imaginación sexual aún más. "Sí, sí, maldita sea, sueño con más." Susurré. "Sueñas con que tu bebe te folle el culo, ¿no es así?" "Sí Sí." "¡Mi putita caliente, vas a conseguirlo ahora!" Con eso se salió de mí. Me quedé allí jadeando; mi cuerpo empapado en sudor, mi coño goteando. Estaba buscando algo en el mostrador. ¡La mantequilla! ¡Oh Dios! ¡Ah Dios mío me la va a meter allí! Me tumbe en el piso y me puse de rodillas. Puse mi pecho en el suelo, mis pezones poniéndose durísimos por el contacto con la fría superficie de las baldosas. Levanté mi trasero hacia él, temblando de anticipación, ofreciéndoselo a mi macho. Apreté la cara contra el suelo, cerré los ojos y esperé. Todo mi cuerpo se puso de piel de gallina. Sentí su dedo sondearme, sintiendo la entrada mantecosa. En un momento, ya cuando me tenía el culo estirado, lo sentí reemplazado por la cabeza de su gruesa verga. Sentí una punzada de dolor cuando entró. Retrocedió, esperando. "¡Hazlo mi amor, méteme la verga en el culo que la necesito ya!" Ordené con urgencia. Volvió a entrar despacio para no hacerme daño, yo lo atraje hacia mí, ignorando la incomodidad. ¡De repente, estaba en mí hasta el fondo de ...